Este importante hombre de negocios tiene un vicio oculto y muy placentero para él. En cuanto llega a su casa se pone su mejor lencería, se pinta los labios, y cree que es una prostituta de barrio loca por conseguir clientes y follar con hombres. Así lo pasa de lujo y mientras no lo pille sus señora esposa no piensa cambiar.
Antes de casarse follaban cuando podían, pero desde que tienen su nueva vivienda no pasa ni un solo día en el que no hagan el amor en varias ocasiones. Ahora son la envidia de sus amigos y muchos quieren seguir sus pasos y llegar al matrimónio.
Cuando eran novios, siempre usaban preservativos por miedo a algún contagio. Pero desde que son pareja formal, han descubierto el placer de una buena corrida en el culo.